Definirán al campeón en la Vuelta

Marchesin y el travesaño impidieron el triunfo de Cruz Azul, equipo que estuvo más cerca del gol que las Águilas del América, partido de Ida de la Final del Apertura 2018, que terminó 0-0.

Redacción

(Jueves 13 de diciembre de 2018) Marchesin y el travesaño impidieron el triunfo de Cruz Azul, equipo que estuvo más cerca del gol que las Águilas del América, aunque el marcador no se movió en el juego de Ida de la Final del Apertura 2018, al terminar 0-0 en el estadio Azteca y el domingo se definirá al campeón del futbol mexicano.

La intensidad fue amiga de la gran final. Apareció en cada palmo de terreno. En los dos Aguilar, en Valdez, en el incasable Roger, en el pedal de aceleración de Méndez, en los motores Marcone y Rodríguez, en las gargantas de cada aficionado presente en la ida de esta serie.

Estar presente en la final o seguirla a través de la televisión no es cualquier cosa y Agustín Marchesín lo sabía bien.

El arquero de las Águilas dejó atrás la modestia y voló cuando fue necesario para salvaguardar su meta. No es sorpresa, vaya, lo hace cada fin de semana.

En el primer tiempo Marchesin regaló una de esas atajadas en las que sólo resta pararse y aplaudir, en remate con la cabeza del “Cata” Domínguez. Era el minuto nueves y ahogó un grito de gol y también una ovación que se alargó por minutos.

Los dos equipos lo intentaron, con el peso de la historia de dos instituciones tradicionales en sus hombros, y con el orgullo que a cualquier ser humano le produce el pelear por la cima y el éxito.

¿Oportunidades en las porterías? No en gran cantidad. La ambición fue, por momentos, cómplice de la imprecisión. Pero también es cierto que quedan aún 90 minutos por delante y oportunidades habrá de sobra, estrategas y jugadores lo entienden como nadie.

Las aficiones jugaron su papel e incluso como sucedió en la cancha pudieron neutralizarse. Al inicio de la segunda parte hubo una “guerra de coros” que a todos puso de pie e hizo sentir que el de esta noche no era un partido cualquiera.

Lo mejor está por venir, nos lo demostró Cruz Azul en la compensación, cuando enviaron una pelota al travesaño mientras el encuentro bajaba el telón. La final de ida, en su agonía, nos dejó con ganas de más.

Fue una auténtica lucha de gigantes entre dos equipos que no regalaron un solo respiro al rival y que demostraron que una de sus mayores fortalezas está en la lealtad de sus incontables aficionados, que le dieron el color a la noche y que se fueron a casa frotándose las manos, sí, por el frío en la Ciudad de México, y por las ansias de que sea domingo y la cita con la historia no tenga mañana.

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